Los trabajadores mayores de 45 años son un grupo de difícil inserción laboral por una visión errónea de sus capacidades. Destacan por su alta responsabilidad en el empleo, su compromiso con la empresa y su visión a largo plazo.
Cuando el trabajador se encuentra en lo más alto de su carrera profesional, lejos de disfrutar de un panorama de reconocimiento o de ascenso profesional, ha de hacer frente a las dudas sobre su productividad o en muchos casos al rechazo a la contratación por parte de las empresas por razón de su edad.
Este colectivo está considerado como un grupo de difícil inserción sociolaboral.
Son un ejemplo de adaptación, tanto a distintos tipos de tareas como de empleos. Y, por su experiencia y su bagaje, también se caracterizan por adaptarse rápidamente a entornos de crisis y aceptan más fácilmente los cambios organizativos.
Las áreas económicas donde logran un mayor número de contratos los mayores de 45 años son agricultura, limpieza, construcción, restauración o asistencia a enfermos, en la mayoría de los casos vinculados a puestos de baja cualificación. De hecho, la falta de formación es uno de los principales escollos a los que tienen que hacer frente a la hora de intentar acceder al mercado, en especial al competir con las nuevas generaciones.
El nivel de estudios varía desde un 28% que tiene estudios superiores, un 58% que tiene estudios secundarios y hasta un 16% demandantes de empleo que tiene estudios básicos.
Cuando consiguen un contrato prácticamente nueve de cada diez son a jornada completa, aunque en la mayoría de casos aceptarían cualquier tipo de jornada. En general, buscan jornadas completas para intentar optar a salarios más altos.
Ante el progresivo aumento de las personas de mayor edad en el mercado laboral, será preciso elaborar y proyectar nuevas políticas de recursos humanos (teletrabajo, conciliación, jornadas más cortas... ) que sirvan para retener el talento de mayor edad y promover una convivencia generacional más enriquecedora en el puesto de trabajo.
Esto permitiría no sólo ayudar al saneamiento de la Seguridad Social y a una reducción de las pensiones, sino la creación de un mercado laboral más enriquecedor y productivo, donde distintas generaciones conviven y aportan un conocimiento más amplio.
La formación continua y el reciclaje de los profesionales son un pilar fundamental para que los trabajadores puedan continuar con su rendimiento en el puesto de trabajo y su reconocimiento como poseedores de conocimiento.